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CÓMO EMPEZAR BIEN EL CURSO: TRES CLAVES QUE PUEDEN CAMBIARLO TODO

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Cada nuevo curso escolar es un pequeño reinicio. Un momento privilegiado para reordenar ideas, renovar energías y, sobre todo, plantar con cuidado las primeras semillas del aprendizaje. Lo que ocurra en los primeros días puede marcar profundamente el tono del curso. Por eso vale la pena detenernos a pensar: ¿qué significa realmente empezar bien?

No se trata solo de repartir libros o explicar horarios. Comenzar bien es construir las bases sobre las que se desarrollará todo lo demás. Y para lograrlo, hay tres claves fundamentales: preparar la convivencia, fomentar la mentalidad de crecimiento y activar los conocimientos previos del alumnado.

Aula libre de etiquetas. Imagen elaborada con IA.


Preparar la convivencia: sin escenario, no hay aprendizaje

Uno de los errores más frecuentes es pasar por alto la importancia del clima del aula. Sin una buena convivencia, el aprendizaje se debilita. Por eso, una de las primeras tareas del curso debería ser construir normas claras, compartidas y aplicables.

No se trata de imponer un listado de reglas, sino de generar espacios de diálogo donde esas normas se comprendan y se aterricen a la vida cotidiana. Por ejemplo, si una norma general dice "respetar el aprendizaje del otro", se puede trabajar con el grupo: ¿cómo actuamos cuando alguien interrumpe?, ¿qué hacemos si un compañero necesita más tiempo?, ¿cómo ayudamos sin resolverle todo?

Cuando las normas se hacen con y para el grupo, se convierten en herramientas vivas, no en carteles decorativos. 

Cultivar la mentalidad de crecimiento: creer en el potencial

Los primeros días también son ideales para romper con etiquetas y fomentar una idea poderosa: las capacidades no son fijas. 
Aula libre de etiquetas. 

Una mentalidad de crecimiento enseña al alumnado que pueden mejorar con esfuerzo, constancia y acompañamiento. Lo contrario, una mentalidad fija, limita y condiciona desde el inicio: “yo soy malo en mates”, “ella no sabe leer”, “ese niño es problemático”.
Este tipo de creencias lastrarán el aprendizaje si no se desmontan pronto.

¿Cómo se cultiva esta mentalidad?

  • Celebrando el error como parte del proceso.
    •  "¿Qué puedes aprender de este error?"
  • Usando el poder del “todavía”.
    •  "No lo has conseguido... todavía. Pero estás en camino."
  • Evitando etiquetas.
    • Un aula “libre de etiquetas” es un aula abierta al cambio.
Estas acciones no solo impactan en la motivación, sino que refuerzan la inclusión y la autoestima.

Activar los conocimientos previos: conectar para avanzar

Aprendemos mejor cuando conectamos lo nuevo con lo que ya sabemos. Y sin embargo, seguimos comenzando unidades sin preguntar qué sabe el alumnado, qué ideas trae, qué experiencias puede aportar.

Activar los conocimientos previos no es una actividad introductoria sin más, es un acto de reconocimiento: decirle al alumno o alumna “lo que traes contigo es valioso”. Ese gesto abre puertas cognitivas y emocionales.

Hay muchas formas sencillas y eficaces:
  • Dinámicas como ‘Tu mochila del saber’ donde simbolizan qué traen consigo.
  • Usar rutinas como “Sé, Quiero saber, He aprendido”.
  • Hacer esquemas, mapas mentales o lluvias de ideas iniciales.
  • Plantear dilemas o preguntas abiertas ( mas allá de un examen o test) que inviten a posicionarse.
  • Dejarles construir parte del proyecto desde sus saberes o intereses.
  • Usar metáforas: la mochila de ideas, la maleta de saberes…
Activar conocimientos previos no es repasar, es conectar el aprendizaje con la vida.

Un buen inicio.

Empezar bien un curso no depende del material nuevo, ni de las agendas o los carteles. Depende de cómo construimos el espacio de aprendizaje desde el primer día. Preparar la convivencia, fomentar una mentalidad abierta y conectar con lo que ya se sabe son tres acciones sencillas, pero muy potentes.

No hay que esperar a que pase septiembre. El momento para empezar a transformar la escuela es hoy.

Y tú, ¿cómo has comenzado tu curso?

Puedes escuchar el podcast Transformando Escuela de Onda Regional de Murcia en https://www.orm.es/programas/el-mirador/transformando-escuela-como-comenzar-bien-el-curso-en-las-aulas/

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HACER Y ENSEÑAR A HACERSE BUENAS PREGUNTAS. HABILIDADES IMPRESCINDIBLES PARA TRANSFORMAR LA ESCUELA

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En mi experiencia como maestro, he aprendido que las preguntas son mucho más que simples herramientas para evaluar conocimientos. Son el motor que impulsa el aprendizaje, la reflexión y, sobre todo, el pensamiento crítico. Pero no todas las preguntas son iguales. 
Hay preguntas de bajo nivel cognitivo, que se centran en información factual y memorización (ej. fechas, nombres), y que, evidentemente, limitan las posibilidades de comprensión profunda del tema en cuestión,  y preguntas de alto nivel cognitivo, que requieren habilidades de pensamiento crítico, como analizar, resolver situaciones problemáticas y evaluar (sopesar opciones de entre varias posivilidades), Estas preguntas , no solo revelan si nuestro alumando comprende  un concepto en profundidad, sino que también generan nuevas preguntas para seguir aprendiendo. Por tanto, podemos decir que hay preguntas que cierran caminos porque solo buscan una respuesta correcta, y otras que los abren, invitando a explorar ideas, conectar conocimientos y despertar la creatividad.
Imagen de Shafin_Protic
De uso gratuito bajo la Licencia de contenido de Pixabay 

¿Qué hace que una pregunta sea “buena”?

Una buena pregunta no busca simplemente una respuesta, sino que genera más preguntas. Abre horizontes, estimula la curiosidad y nos obliga a pensar más allá de lo evidente. Por ejemplo, en lugar de preguntar ¿Cuántos planetas hay en el sistema solar?, podemos plantear: Si pudieras vivir en cualquier planeta, ¿cuál elegirías y por qué?. Este tipo de pregunta no solo conecta el conocimiento científico con la imaginación, sino que también invita a razonar, argumentar y justificar nuestras ideas.
Es un cambio de paradigma: pasamos de enseñar para responder a enseñar para pensar. Y este enfoque tiene un impacto transformador tanto en la escuela como en casa.

El poder de las buenas preguntas en el aula


En el aula, las buenas preguntas son una herramienta poderosa para fomentar el pensamiento crítico. Cuando planteamos preguntas abiertas, ayudamos a los estudiantes a analizar, reflexionar y encontrar múltiples perspectivas. Por ejemplo, en lugar de preguntar ¿Qué año comenzó la Revolución Francesa?, podemos proponer: ¿Habría ocurrido la Revolución Francesa sin la desigualdad social? ¿Por qué?. Con esta simple reformulación, no solo se recuerda un hecho histórico, sino que se analizan las causas y consecuencias, se genera debate y se fomenta la argumentación.
Este enfoque también transforma la forma en que los estudiantes perciben el aprendizaje. Dejan de verlo como un ejercicio mecánico de memorización para entenderlo como una experiencia dinámica y significativa. Además, cuando valoramos todas las respuestas, incluso aquellas que no se ajustan a lo que esperábamos, creamos un ambiente inclusivo donde los errores se perciben como oportunidades de aprendizaje.

Las buenas auto-preguntas para dialogar con IA

En un mundo donde la Inteligencia Artificial forma parte de nuestro día a día, enseñar a los alumnos a hacer y hacerse buenas preguntas, no solo mejora su pensamiento crítico, sino que también les prepara para dialogar de manera efectiva con las tecnologías. Las preguntas que se plantean a una máquina, conocidas como "prompts", determinan la calidad de las respuestas y, en última instancia,  nuestra capacidad para aprender con estas herramientas. 
Formular preguntas claras, abiertas y bien estructuradas permite a nuestro alumnado aprovechar al máximo la IA, transformándola en una aliada para la investigación, la creatividad y la resolución de problemas. 
Así, las buenas preguntas no solo abren puertas al conocimiento humano, sino también una nueva posibilidad de interacción permanente y cercana a traves de la tecnología para el progreso en construcción y transferencia de conocimientos.

Imagen creada por Mohamed_hassan
De uso gratuito bajo la Licencia de contenido de Pixabay

Preguntar bien en casa es ir más allá del "qué hiciste hoy"

Las buenas preguntas no solo tienen cabida en la escuela; en casa también son fundamentales. Una pregunta abierta puede transformar una conversación cotidiana en una oportunidad para conocernos mejor y fortalecer vínculos. Por ejemplo, en lugar de preguntar ¿Qué hiciste hoy en la escuela?, podemos decir: ¿Qué fue lo más interesante que aprendiste hoy y por qué te pareció interesante?. Esta pequeña variación cambia por completo el tipo de respuesta que recibimos y nos permite adentrarnos en el mundo de nuestras hijas e hijos.
Incluso las actividades cotidianas, como ver una película en familia, pueden ser el contexto ideal para practicar este enfoque. En lugar de preguntar ¿Te gustó la película?, podemos plantear: Si fueras el director, ¿qué cambiarías del final? ¿Por qué?. Con esto no solo fomentamos la creatividad, sino que también enseñamos a argumentar y defender ideas.

Enseñar a preguntar es una habilidad para toda la vida

Tan importante como responder preguntas es aprender a formularlas. Y esta es una habilidad que también debemos enseñar. Un ejercicio sencillo y efectivo es invitar a los niños a plantear preguntas después de cualquier actividad. Por ejemplo, al leer un cuento, podemos preguntar: ¿Qué dudas o curiosidades te han surgido después de esta historia?. Con el tiempo, desarrolla la capacidad de hacerse preguntas a sí mismas, lo que es clave para el aprendizaje autónomo.
Las preguntas del tipo ¿Por qué?, ​​¿Cómo? o ¿Qué pasaría si...? son excelentes puntos de partida. Si están estudiando volcanes, podríamos animarles a preguntar cosas como: ¿Qué pasaría si un volcán entrara en erupción bajo el agua? o ¿Por qué algunos volcanes están activos y otros no?. Estas preguntas despiertan no solo despiertan la curiosidad y refuerzan argumentos, sino que enseñan que preguntar es tan importante como responder.

Transformar la educación es enseñar a pensar

Creo firmemente que enseñar a preguntar es enseñar a pensar. Si transformamos nuestra forma de interactuar con los demás, ya sea en el aula o en casa, y empezamos a valorar las preguntas tanto como las respuestas, veremos un cambio trascendental en la forma en que aprendemos.
Cambiar el enfoque hacia preguntas más abiertas y significativas requiere tiempo y práctica, pero los resultados son profundos. No solo ayudamos a nuestros hijos, hijas o alumnado a pensar mejor, sino que también fortalecemos nuestra conexión con ellos. 
Preguntar bien no es solo una técnica; es una forma de construir relaciones más ricas y un aprendizaje más profundo.

Documentado en webgrafía y bibliografía:




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ENSEÑAR AL REVÉS

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Hablar de métodos innovadores está de moda y como sabéis me gusta la metodología.

Metodología e investigación han ido siempre unidos. Investigar es aprender activamente. Me gusta conducir por caminos (con todas las curvas y cruces necesarios) que llevan al aprendizaje activo.

Toda la innovación ya está escrita. La renovación también es el objetivo. Replantear los clásicos con vista actualizada es una forma de innovar desde la seguridad. Sin humo.


Enseñar al revés


Me ocurre desde hace algún tiempo. Que ya no puedo ser el maestro que fui. hacer las "cosas"como antes. Me he puesto lineas rojas, me he puesto señales de prohibido el paso en alguno caminos. Me he enganchado a una cuerda que ya no suelto. Ir para atrás ..ni para tomar impulso.

A veces es complicado comentar las ideas, mi posición ante la enseñanza y la forma que facilito el aprendizaje. Para compartirlo con mis alumnos universitarios  y con mis compañeros de los cursos de formación, me gusta hacerlo desde analogías, pequeñas comparaciones, cuentos simulados.... Sí. a veces también, con un toque divertido y llamativo. Que les haga reaccionar.

Para llegar a la idea de lo que supone aprendizaje activo y cambio de miradas, hay una metáfora que utilizo y que he bautizado "enseñar al revés". Quiero compartirla con vosotros.

Podría llamarla  modelo TB (las siglas de "Teach Backwards" en traducción googleana). Incluso a veces pienso que podría ser  una pariente pobre  del  "flipped learning". Los nombres me importan poco y sólo los utilizo para reconocer de qué hablamos. "... recuerda..."enseñar al revés" . comento a mis alumnos cuando me hacen propuestas de enseñanza tradicional (qué. hay que ver el trabajo que les cuesta ver otras opciones, romper  y ser creativos en educación...)  Obviamente me interesa más el sentido que la denominación.

Un camino siempre en la búsqueda activa de nuevo conocimiento.

Enseñar al revés tiene una clave muy sencilla: cambiar el proceso habitual, que tiene un corte puramente deducativo por otro, que tiene una base inductiva y constructiva. 

A mis alumnos les digo que "el truco" está en no dar la soluciones al principio.  Nos es caprichoso, intento buscar bases neurocientíficas. Se trata de no descubrir el misterio, no perder la motivación y la sorpresa en la primera frase, como lo suelen hacer los libros de texto: Concepto o definición- demostración - repetición- comparación con modelo-comprobación en examen. Los libros de texto suelen romper la magia de la sorpresa.

Están basados en un método deductivo. Partimos de las conclusiones generales para llegar a las explicaciones particulares. Partimos de la definición y el análisis de los teoremas, leyes, postulados y principios de aplicación universal y los aplicamos a casos concretos. Ya sabemos qué ocurre. Sólo lo aplicamos.



Es el modelo libros de texto. Siempre comienzan por el hecho, la  definición, la fórmula o el ejemplo con solución de aquello que debemos hacer.  El libro de texto, además, nos instiga a reproducirlo, utilizarlo y repetirlo, para memorizarlo, varias docenas de veces en ejercicios como método de ejercitación del aprendizaje. A veces, incluso a copiarla, cual denostado corta y pega del internet..incluso sin comprender el qué , ni mucho menos el  para qué.

Un sistema que nos ha metido entre ceja y ceja el modelo de libros de texto y que ha degenerado en "la desprofesionlización" total del profesorado. Si incluso hay libros de textos con las soluciones para el profesor. ¿Cómo vamos a ser orientadores, si no hay orientación...si todo está escrito y definido?

En cambio, enseñar al revés tiene que ver más con el método inductivo. Utilizamos la razón, la comparación, el ensayo error y el razonamiento para obtener conclusiones cuya aplicación sea de carácter general.

Este camino nos permite partir de lo concreto, lo cercano, lo individual, e incluso, tangible, para llegar a conclusiones más universales, generales y abstractas. En su recorrido puedes permitir que fluya la intriga y el interés a medida que vas proponiendo y proponiéndote retos. 

El papel del docente consiste en ir dejando pistas para que el alumnado construya su camino, y que le permanezca la motivación intrínseca  y la pasión por la búsqueda continua.

¿Qué es aprender sino buscar infinitamente?

En realidad,  enseñar al revés es otra forma de afianzar aquello que, en otra entrada, denominé "enseñar sin explicar".

Formular preguntas, crear hipótesis, refutarlas, falsearlas y deducir conclusiones. Análisis y síntesis, ensayo-error, investigación-acción... muchos son los caminos que nos llevan a enseñar partiendo de la aplicación y llegando a la regla, tomando la actividad del alumnado como motor del aprendizaje.

No, ya no sirve de nada dar definiciones y reglas y luego aplicarlas sin fallo. El aprendizaje real tiene más que ver con los errores, los descubrimientos y las construcciones colectivas; con las definiciones propias, la aproximación a la norma y las reglas consensuadas.

Contar el final de la película nada más comenzar.

¿Os imagináis que todas las historias en el cine, comenzaran  con el desenlace y que luego intentaran explicarnos cómo llegó hasta allí? Las  historias perderían  gran parte ( o totalmente) de su interés?

A lo mejor esto no es enseñar al revés... y el revés fue siempre como lo hicimos.






  

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¿MEJORES RESULTADOS O MAYOR APRENDIZAJE?

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¿Qué busco como docente....resultados o aprendizaje?

El aprendizaje no es lo que se demuestra en los exámenes. 
No. Por más que lo tengamos asimilado como cultura educativa y se empeñen en medirnos y evaluarnos.

Estoy seguro que mal vamos en relación al cambio en educación si no le damos una vuelta a todo esto, si al final, nuestro trabajo como educadores sólo lo enfocamos a superar pruebas y demostrar resultados para mejorar escalafones en listas internacionales (hay un montón de ellas, a veces contradictorias de un año al siguiente). Y es lo que está pasando: la educación la hemos convertido en una moneda de cambio mercantilista, de marketing de políticas educativas  al igualarla a resultados en lugar de aprendizajes.

Los aprendizajes en los centros educativos no pueden ser "aprendizajes de autoescuela", y no por menospreciar a ésta, ni mucho menos, si no porque la escuela para aprender a conducir automóviles ofrece algo que nunca ofrece la escuela para la vida: los contenidos de examen son repetidos en la realidad cotidianamente como mecanismo de memoria. La comprensión viene dada por la práctica y , realmente, la preparación sólo tiene la finalidad de superar un test.
Por eso se pueden permitir, por ejemplo diseñar clases para superar con la máxima puntuación posible un test que les posibilita comenzar a conducir como conductor nobel.


Pensar y repensar en la educación que queremos. En definitiva se trata de decidir si queremos que nuestros alumnos, tengan mejores resultados o que aprendan más; que sean capaces de resolver sus problemas vitales mejor o que alcancen mejores puntuaciones en los exámemes, reválidas o pruebas que superen.

Claro está...y tenemos que pedir que nos dejen hacerlo, que es necesario que se eliminie la presión que los docentes tenemos con las reválidas de nuestros alumnos. Se trata de reducir estrés, que no responsabilidad, se trata de fortalecer las competencias profesionales, las básicas académicas y las sociales, relacionales y ...las vitales, las que le producen felicidad y pasión. 

Como maestro no quiero pensar que todo mi esfuerzo, mis horas de trabajo, mi vida laboral sólo sirva para que mis alumnos sean capaces de retener la información por un breve tiempo. Prefiero apostar por que los aprendizajes que desarrollemos dejen huella en sus neuronas, en su piel, en su corazón y en su mirada...y si todo eso se encuentra en su cerebro, quiero dejar una huella cerebral que siempre le recuerde que fui pen el viaje de formarnos, el que ayudó a aprender, el que le acompañó en el desarrollo de sus competencias.

Una de mis mayores satisfacciones, siempre son mis alumnos y alumnas. Os dejo una cita de María Berenguer, una alumna de este curso que escribió en nuestro Blog y TIC UM

"Hasta ahora en mi cabeza había una idea de lo que era enseñar: la que había visto y reproducido como lo que de verdad era "enseñar".

Ahora ni puedo decir esa palabra sola sin que me suene mal; ahora una palabra me lleva ala otra por conexión directa :Aprendizaje. Porque si algo he aprendido es que no pueden darse por separado y tener sentido.

Sin aprendizaje no existe el concepto de enseñanza, pero no a la inversa..ya que por experiencia personal he tenido muchos profesores que han hecho "como que enseñaban", pero nadie aprendía.

Ahora sé que no era culpa de los estudiantes.

El aprendizaje es el resultado del estudiante, pero la tarea del profesor es facilitar la acción de aprender, guiarle, enseñarle a aprender con lo que ya tiene...sumando lo nuevo.

Nunca sentí que me dieran la oportunidad de mostrar mis capacidades, no sabía qué capacidades tenía. Nadie nunca me preguntó qué me gustaba hacer, o lo que se me daba bien...entonces ..
¿Cómo me iban a enseñar?"
María Berenguer Lax - PAE Grupo 7 curso 2015/16
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APRENDER MEJOR FUERA QUE DENTRO

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En muchas de las conversaciones mantenidas con mis alumnos de primero de grado universitario, suele salir una frase como imagen demoledora para la institución escolar: aprendemos más fuera que dentro.

Realmente es un tema que me preocupa por toda la inversión de esfuerzo, tiempo y dinero que se pone en educación reglada y , aparentemente, los resultados que arroja.
¿Seremos todos los implicados capaces de revertir esto?

Son muchas y complejas las causas, pero, a modo de resumen extraigo algunas, que se pueden entrever en algunas de las frases que mis alumnos me repiten:

- Juan: Lo que estudiamos es inútil para nuestra vida.  
Evidencia un divorcio entre realidad y escuela.


- Patricia:  Entrar al instituto es como meterte en otra dimensión. Mis intereses se quedan fuera, es más, son mal vistos dentro. 
El interés de los jóvenes está en otros temas que no se miran por asignaturas.


- Natalia: Yo no me complico. Vengo, atiendo a lo que me cuentan, hago ejercicios, memorizo y suelto en el examen. Nadie me pide más.  
Han asimilado perfectamente la cultura transmisora y reproductora. Son dóciles ciudadanos a los que premiamos con sobresaliente.


- Jorge: Por más que me empeñe, soy incapaz de aprender todo lo que pone en mis libros. ¿Para qué intentarlo?
La idea de un currículo extenso, repetitivo y alejado, hace una desafección hacia el mismo difícil de superar.


- Pery: Las clases son como un laboratorio. Todo lo que allí ocurre es simulado.
La falta de aprendizajes basados en la experiencia de los alumnos, eliminan la posibilidad de un tener experiencias de aprendizajes significativos y memorables.

-- Tomás:  Los profesores no escuchan nuestras ideas, solamente les gusta escuchar las suyas.
La jerarquía de poder en cuanto a la validez de los contenidos, aleja a los alumnos de la participación constructiva de su propio conocimiento.


- Carol: Cuando me doy cuenta de todo lo que estudié, y el poco uso que le doy...

Mañana, miércoles 26 de agosto, en ined21.com publico un artículo en el que reflexiono sobre ello.

"Todavía hoy, los docentes somos los “dueños” del aula. Compartamos propiedad con nuestro alumnado y con la sociedad. Afrontemos juntos el reto que aúne la educación formal, la no formal y la informal en un nuevo paradigma que reformule las antiguas diferencias entre ellas. Apostemos por una educación global, plena y sin etiquetas."




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ENSEÑAR A PENSAR

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MAGIC FLOWER ©  


Cada vez más me pregunto si enseñar a pensar a mis alumnos es la clave de mi función como maestro, más allá de ofrecer contenidos e información que pueden encontrar por otros medios.

LA MEMORIA

Que la enseñanza del siglo XXI tiene todavía un fuerte componente memorístico es innegable.
Así nos lo demuestra el uso de los  exámenes como medio fundamental para medir el valor de los aprendizajes. Por ello, y sólo por ello, nuestro sistema educativo otorga al examen  un estatus por encima de muchas otros componentes educativos. Pareciera como si examinar constituyera una metodología aventajada para motivar hacia el aprendizaje: Enseñanza Basada en Exámenes.

Es posible que una primera buena decisión escolar de nuestro  tiempo pudiera estar relacionada con el uso equilibrado entre la memoria neuronal y la memoria virtual (en palabras de Pere Marqués, la memoria interna y la memoria externa).

No vamos a discutir que la memoria es necesaria, y que cultivarla es una misión de la escuela. Quizás la pregunta que nos podemos  hacer a continuación es  cómo hacerlo: es evidente que hay que recordar  hechos, conceptos y principios,  y que lo importante no es tanto el hecho (cuya descripción se puede recordar fácilmente) si no comprender su importancia y significado. Es, desde mi opinión,  ese aspecto  donde debemos poner todo el interés: en que el alumnado sea capaz, no sólo de conocer los hechos , si no de extraer conclusiones y repercusiones importantes que le pueden afectar o ser útiles para su vida. Ello constituirá un verdadero aprendizaje, un aprendizaje auténtico.

¿QUÉ ES LO MÁS IMPORTANTE  QUE DEBEMOS ENSEÑAR LOS MAESTROS?

La especialización y segmentación artificial que hacemos de los aprendizajes, y la consiguiente departamentalización y fragmentación del conocimiento, nos ha llevado durante mucho tiempo  a los docentes a creer que lo más importante que había que enseñar era nuestra propia materia. Esta separación artificial lleva, en muchas ocasiones, a nuestros alumnos a enamorarse de nuestra asignatura e incluso a rechazar otras. "Yo soy de letras y odio las matemáticas" . También hemos conformado un catálogo imaginario de asignaturas duras (las importantes) y las marías. Incluso hemos llegado a jerarquizar las asignaturas y hemos creado un sistema de clasificación de áreas troncales y áreas optativas, con carga horaria acorde a su supuesta importancia para el alumnado. Como siempre...decidiendo por ellos.

Los que tenemos edad en la profesión nos hemos dado cuenta que todo este aprendizaje memorístico, unido a aprendizajes artificiales y alejados de la realidad cotidiana, sirve de bien poco. Enrique Sánchez Ludeña en "Otras Políticas" expone magistralmente el sentir de muchos: 
Es poco inteligente obstinarse en mantener un modelo educativo que claramente empobrece el ambiente, en lugar de enriquecerlo; como es poco inteligente resolver problemas que no existen y dejar sin solución los que realmente tenemos delante. Es poco inteligente emplear siempre la misma herramienta, la razón, cuando también se tienen otras, como la intuición, la emoción, el movimiento o el propio cuerpo en su conjunto que no se están utilizando. Es poco inteligente limitar nuestra forma de aprender, empecinándonos en conseguir que todos los problemas se parezcan y en intentar resolverlos haciendo siempre lo mismo.
APRENDER A MODO DE LOS "40 PRINCIPALES"

Gran parte de la enseñanza que desarrollamos en las escuelas, institutos y universidades se basa en lo que he llamado jocosamente el modelo 40 principales. Es decir, se trata de que el conocimiento que tenemos que dar ( prescrito curricularmente, en formato libro, apuntes, explicación o , incluso, internet o dispositivo móvil) lo transmitamos y/o introduzcamos (inculcar es una palabra que se utiliza mucho en educación y que aborrezco) en las mentes de los niños, adolescentes o universitarios.

Ellos, a su vez, deben conseguir que se quede ahí, grabado a base del run, run del "empolle" y la repetición, como el estribillo pegadizo de la canción del verano. El objetivo de este esfuerzo es, escolarmente vomitarlo en un examen , en primera instancia y , funcionalmente, recuperarlo cuando el individuo en cuestión necesite esa información, o esos datos, para utilizarlos en su vida, lo cual ocurre en escasísimas ocasiones, dados los contenidos poco cercanos a la realidad del alumno que constituye el currículo escolar.

ENSEÑAR A PENSAR
Aprendizaje Basado en el Pensamiento -TBL- es una nueva metodología de enseñanza en la que la instrucción en destrezas de pensamiento se infusiona en el contenido del currículum, para que los profesores animen a los alumnos a utilizar estas formas de pensamiento superior para explorar en profundidad lo que ellos están aprendiendo en el currículum general.  Robert Swartz en El Mundo ,

Resuelvo la duda del principio del post: Una de las esencias del magisterio es ENSEÑAR A PENSAR a nuestros alumnos.

La idea de enseñar a pensar no es nada nueva. Ya Sócrates y los patrones de pensamiento; Aristóteles y la noción de silogismo o Bacon y el método científico (por poner unos ejemplos) la utilizaban como estrategia de enseñanza. Paulo Freire (Pedagogía del oprimido) en 1970 ya hacía una crítica a la educación que toma a los educandos como recipientes pasivos en los cuáles será depositado el saber ( Educación bancaria). En ella -denunciaba Freire- el educador es el único poseedor de conocimientos y es él quien va a transmitir los conocimientos a los educandos, de tal forma que estos se convierten en sujetos pasivos y por tanto en sujetos oprimidos. Con ello sigo encontrando otra esencia de la docencia: educar ciudadanos libres.

Seguramente la libertad está relacionada con la capacidad de pensar y , aunque la idea de enseñar a pensar es antigua, lo que si puede resultar más novedoso es la intención de desarrollarla, de enseñarla en las aulas. La frase "profesor no me des tus ideas...ayúdame a conseguir las mías" se ha convertido en un eslogan de la exigencia del alumnado para adquirir el protagonismo de su propio aprendizaje,
...lo importante es entender que lo decisivo de la escuela es el aprendizaje y no la enseñanza, y es éste el que debe marcar el ritmo para cada alumno. Javier Touron en INED21
 Interesado por este tema estoy leyendo  "El aprendizaje basado en el pensamiento" de R. Swartz  y otros, y ya en los primeros capítulos me he dado cuenta que, sin ser consciente de ello. siempre he enseñado a pensar a mis alumnos, pues me ha gustado   potenciar ejercicios de base  pedagógica de la escuela activa y utilizar técnicas que les hicieran "conscientes de su  pensamiento" mediante estrategias de reflexión metacognitiva  con las que quería conseguir que los nuevos aprendizajes se anclaran con más fuerza en sus esquemas de conocimientos previos.

Os animo, como yo, a leer sobre el tema este verano, y os emplazo a la vuelta de vacaciones a compartir conocimientos, ideas y reflexiones en la red.













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5 Salsas para enriquecer el currículo escolar desde la cocina de tu aula

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Infografía realizada con easel.ly

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