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PLANIFICAR LA ENSEÑANZA

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ROMPER CON EL MITO DE LA
Inutilidad de Programar
Que las programaciones no sirven para nada es una constante en el imaginario social docente. Romper con el mito de la inutilidad de programar la enseñanza es una de las acciones básicas para transformar la educación. Un docente creativo es pieza clave para que la enseñanza escolarizada deje de ser la máquina reproductora de valores, ideologías e intereses de la cultura dominante y se convierta en un espacio de desarrollo personal donde se permita a los individuos ser más libres, solidarios y creativos.
PLANIFICAR LA ENSEÑANZA
Soy defensor absoluto de que planificar la enseñanza es la quintaesencia de la tecnología docente, entendida como conjunto de instrumentos, recursos técnicos o procedimientos empleados en la educación. ¿Qué nos separaría a los docentes, si no fuese así,  de un bachiller o de un graduado? ¿Por qué, si no fuera por ello, el ejercicio más definitorio de las pruebas selectivas para el acceso a la docencia son las programaciones?
A pesar de estas evidencias, no es raro escuchar (en las salas de profesores, en pasillos de centros educativos, en corrillos y grupos de docentes…) que las programaciones son solo “papeleo administrativo”, sin ningún valor real y que la ”experiencia profesional” es sustitutivo de la programación:
“No necesito preparar lo que le voy a dar, me lo sé de memoria…si después de 25 años no lo supiera” –comentaba una compañera hace unos días—. Sus palabras dejaban meridianamente claro dónde ponía el acento en su acción docente: los contenidos como base de la acción curricular. “Pues, creo que no” –le respondí—. “Yo creo todo lo contrario, que es imprescindible y, además, la tarea de realizarla es uno de los roles educativos que más me gustan”. Me miró como si fuera una rara avis.
Un docente creativo es
pieza clave 
Pero ¿qué entendemos por “papeleo administrativo” o “burocracia”? Si la entendemos como las exigencias que no tienen ningún efecto sobre la práctica; o como las tareas profesionales rutinarias que no nos hacen pensar, que son poco creativas y muy repetitivas; entonces, programar podría  considerarse una acción burocrática. ¿Por qué no lo es? Por dos razones fundamentales:
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Ealumnado es el centro de la programación.
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Programar es una herramienta clave que proporciona valor creativo al diseño de aprendizajes.
POR QUÉ PROGRAMAR
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Programación abierta,
una herramienta óptima para crear aprendizajes
Soy defensor de que es indispensable pensarorganizar evaluar aprendizajes para dotar de sentido y de profesionalización (‘didáctico’/’educativo’ y ‘técnica’/’tecnología’) todas las acciones educativas que desarrollamos en las aulas.
Es más. Es necesario planificar las acciones para tener la seguridad que las inercias no me encierran en los cuatros muros del aula y de que, con ellas, abro los necesarios corredores francos que permitan unir la calle y el aula, lo formal y lo informal, lo desclasificado —o desaparecido— de la escuela.
Me miró como si fuera una
rara avis
Solo programando podemos prever uno de los posibles “guiones” a desarrollar en los múltiples escenarios posibles para el aprendizaje (físicos, virtuales, mixtos e, incluso, imaginados), podremos ayudar al alumnado a hacerse con el control de  poderosos recursos;  será posible crear mapas de rutas que le ofrezcan posibilidades de  uso y memorización de rutinas y estrategias ajustadas al desarrollo de  la competencia (de tanto nombrarla, despojada de su valor) de aprender a aprender y  la creación de mecanismos que le ayuden a aprender a pensar. Uno de los elementos básicos de domino de las competencias que necesita poseer un  docente lo constituye  el arte de programar.
Programar, por definición,  es un hecho creativo y artístico, a la vez que una actividad de dominio técnico, de conocimiento científico, de bagaje y acervo cultural. Cuando se domina el arte de planificar en la enseñanza se es capaz de visualizar, no sólo contenidos, estándares, recursos y metodología, sino algo mucho más importante que debe marcar la dirección de los procesos educativos: las necesidades de los individuos que aprenden.
Aún así hay muchos docentes que ni les gusta programar, ni lo hacen voluntariamente.  Se dejan secuestrar la profesionalización que adquirieron con la superación de su “oposición”, sin darse cuenta que, una vez secuestrada y encerrada en la zona de confort del libro de texto,  también les desposeen de la capacidad docente más libertadora: poder equilibrar el currículum y la realidad. ¿Para qué programar si las editoriales te las dan hechas? Es una letanía difícil de eliminar en el profesorado, a pesar de ser conscientes que los currículos heredados, eliminan, o acomodan, la autonomía y la iniciativa creativa del docente.
La desprofesionalización que las editoriales, con sus guías didácticas con muchos colorines a modo de marketing de ventas (llenas de anotaciones, recursos, materiales y enlaces prêt à porter),  han provocado en el docente, ha desembocado en una desvalorización del currículo general, del currículo de aula y de los currícula personalizados.
PROGRAMACIÓN ABIERTAherramienta-para-el-aprendizaje-01-ined21
Es difícil desligar la programación de la idea de currículum y desde que comencé el post se me entrecruzan constantemente. Currículum y programaciones escolares están unidos en el tejido que las construye. Cada programación es la extracción de un currículum propio para un grupo concreto. 
La parte más negativa del currículum es, sin duda, las mismas características que lo definen: cerrado, regulador y poco dinámico; no representativo del pluralismo cultural de la sociedad y sin sensibilidad a las necesidades reales de los miembros que forman la comunidad escolar. Es más, una sociedad en la que las fuentes de la información, de creación y distribución del conocimiento han cambiado sustancialmente y que los conocimientos crecen de manera exponencial no puede estar sometida a las directrices de una herramienta tan inmovilista como es el currículo.
Una educación humanista, que mira de frente a las personas y a sus derechos insoslayables, precisa huir de programas homogeneizadores que no son más que un freno tanto para una atención educativa de calidad a la diversidad del alumnado, como para hacer realidad la deseada personalización de los aprendizajes con todas las herramientas tecnológicas que disponemos para ello. Entonces, ¿sería posible imaginar una escuela donde se pudiera elegir su propio currículum? ¿Sería posible hacer realidad, centros educativos con currículums (obsérvese el plural) abiertos y dispuestos a ser construido por los propios participantes de los procesos que allí se desarrollan?
ABIERTOS Y COMPARTIDOS
No son pocos los argumentos que algunos docentes esgrimen a favor de currícula controlados por las administraciones, ya que, a priori, deberían ser funcionales para dotar de responsabilidad, justicia y equidad a la escuela y, por extensión, a la sociedad en la que se inserta.
Equilibran la sociedad y evitan las diferencias de oportunidades.
Aseguran que nadie se quede sin un mínimo común para todos.
Sin embargo, y viendo el desastroso resultado que las instituciones son capaces  de desarrollar  con esta noble función enconmenda,  y cómo en la realidad pueden llegar a convertise en  herramientas de desequilibrio y dominio en manos de la clase dominante, es preciso atender a las tesis que sostienen el anhelo de currículos abiertos , creados colaborativamente y capaces de compartir visiones culturales  propias y auténticas.
Permiten su revisión permanente en función del contexto.
Proporcionan coherencia en la progresión de los aprendizajes.
Eliminan la parcelación del saber y se formulan en modo globalizado e integrado.
Consideran las necesidades y características de las personas que lo desarrollan.
Proponen temáticas significativos y compartidas culturalmente.
Revalorizan la escuela democrática dotándola de capacidad para decidir sobre sus propios principios básicos.
Toman las riendas de una escuela emancipadora de personas y transformadora de la sociedad.
El sueño de  currícula abiertosflexibles y alternativos;  evaluados tanto por los participantes como por agentes externos; creados colectivamente y dirigidos técnica y responsablemente, no es una quimera inalcanzable. El currículum repensado para los grupos a los que se dirige sólo tiene sentido desde una construcción cultural colectiva y compartida.
Hacia currículos
abiertos y compartidos
Es ahí donde el currículo potencia la función social, inherente a la educación, constituyéndose  como enlace entre la sociedad y la escuela y como reconstrucción de la sociedad misma. Programar, entonces, se convierte en una práctica de valor. Programar retrata una manera concreta de visibilizar la educación escolarizada.
NO es una
quimera inalcanzable 
La planificación de las acciones educativas es una eficiente herramienta en nuestra mano con la que podemos abocetar la educación que soñamos,  haciendo de ésta un instrumento para cumplir una misión de mayor relevancia en el tiempo: el cambio y la mejora de la vida de las personas.
La colaboración de todos los actores participantes en el diseño global del currículo (que no del técnico y pormenorizado) es el primer paso para comenzar a construir la realidad de  una escuela autónoma, comprometida, capaz y decisoria, autoregulada por profesionales,  alumnado, familias  y contexto.
Si hoy pudiéramos construir un nuevo proverbio chino, sería muy fácil: muéstrame el currículo que creas, cómo lo construyes y de qué manera lo pones en práctica…
…Y te diré
qué escuela eres


NOTA DEL AUTOR: A los interesados, recomiendo la lectura de textos y libros de cuatro de los mejores autores españoles sobre este tema: José Gimeno Sacristán, Juan Manuel Escudero Muñoz, Jurjo Torres Santomé y Rafael Feito Alonso.


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KLASSEN TIME

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Intentando recuperar la dinámica y el ritmo de mi afición bloguera, después de unas semanas de asueto, me encuentro en la red con un artículo de “El confidencial” que llama mi atención: Los colegios daneses dedican una hora semanal a esta clase que no existe en España.

El artículo me hace recordar una de mis reflexiones clásicas en la asignatura de Planificación de la Acción Educativa, cuando hablamos de currículo: hacer pensar a mis alumnos sobre la idea que surge cada vez que se reforma el sistema educativo español (acción tan frecuente que ya nos parece normal en política, y en un alarde de masoquismo, incluso echamos de menos con este parón administrativo y político que vivimos): todas las reformas, con intención presupuesta de mejora, tienden a aumentar las horas de las asignaturas clásicas, como si “más” fuera sinónimo de “mejor”, algo que, a todas luces, es incierto.

Por eso me engancha también el subtítulo del artículo:
“A veces, lo más importante no es dar una hora lectiva más de Lengua, Matemáticas o Ciencias, sino ayudar a que los alumnos desarrollen otras habilidades personales”.


“klassen time”, es “una peculiaridad de los horarios de los colegios daneses que consiste en dedicar una hora a la semana a que los alumnos discutan sobre un tema de actualidad o que les afecte directamente”.


Es cierto que en España no existe esta hora como tal, pero muchos colegios y aulas españolas (más de 100, distribuidas por toda la geografía española) han tomado por bandera el “objetivo de que aprendan a debatir, a proporcionar argumentos y a rebatir los de los demás, a entender los puntos de vista que no comparten y a llegar a conclusiones”. 

Lo estamos haciendo como sólo en España seremos capaces de transformar la escuela: partiendo de abajo. Me refiero al Proyecto “Tertulias con sabor a chocolate” también conocido como @chococharlas, el cual participo y coordino con un grupo de maestros y profesores decididos a que esto cambie.

Es verdad. Yo también tiendo a sobrevalorar el éxito educativo y social de los países nórdicos como si fuera "el dorado" de la educación y, quizás, por eso valoro esta noticia con sentido de orgullo y firmeza. Orgullo de participar en este proyecto y firmeza al perseverar sobre la idea de que no estamos tan equivocados y que somos los docentes los que debemos, cada vez más, transformar la práctica para generar una nueva y propia idiosincracia educativa, que sea asumida y escuchada  por la legislación.

Chococharlas es una práctica que no resaltamos en los titulares de los diarios españoles pero que, a poco que la observemos, no dista tanto de la nórdica en el fondo, aunque sí en la forma, - cosa lógica si se pretendemos salvar las diferencias propias de ambas sociedades.-

Las coincidencia de “Klass time” y chococharlas son numerosas:
  •  El tema a tratar suele ser decidido por los propios alumnos(aunque el profesor realice sus sugerencias).
  • Se realiza con un aperitivo por medio ( en el caso de chococharlas, un chocolate como desayuno o en forma de bombón o galleta) , que se toma mientras debaten, de forma que la discusión no sea vista como un enfrentamiento sino como una distendida charla.
  • En muchos casos se trata de problemas de convivencia y propuestas para una escuela feliz.
  • Es un momento también para relajarse y dejarse llevar, puesto que lo más importante no es convencer a los demás, sino ser capaces de aceptar las opiniones distintas.
  • No es obligatorio, pero sí recomendable y muchos docentes lo tomamos de manera voluntaria.

Las variaciones de juego como forma de tertulia, de realizarlas en el patio recreo o de utilizarlas para solucionar problemas de convivencia, podemos ir añadiéndolas a las ideas que irán surgiendo para el próximo curso en el Proyecto “Tertulias con sabor a chocolate”. Un Proyecto que tiende a crecer y a sistematizarse en las prácticas educativas de muchos docentes españoles e iberoamericanos.

A modo de conclusión, de sinergia y dinamismo, podemos decir que la experiencia danesa se puede aplicar en el “horario” español casi de forma "legal" si recordamos que la LOMCE hay horas que las deja a libre elección del centro. Aprovechemos esta situación y vayamos animándonos a hacer esta propuestas en claustros.

Para participar en el Proyecto “Chococharlas”, no tenéis nada más que consultar la web, inscribiros y pensar sobre qué pueden debatir vuestros alumnos. 

Ya hay múltiples experiencias y sólo tienes que pensar, no tanto el tema, sino en las competencias que ayudarás a desarrollar en tu alumnado. 

Es tiempo de cambios. Es tiempo de transformar la escuela.





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5 Salsas para enriquecer el currículo escolar desde la cocina de tu aula

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Infografía realizada con easel.ly

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Evaluación disruptiva

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Aproximación a una evaluación disruptiva.

No por muy citada deja de tener vigencia la afirmación del profesor Santos Guerra "Dime cómo evalúas y te diré que tipo de profesional y de persona eres". También la podemos leer como  «dime como evalúas y te diré cómo enseñas». Enseñanza y evaluación son dos caras de la misma moneda: El aprendizaje.

Pongamos por delante que los docentes estamos condicionados en nuestra práctica de evaluación por una serie de actuaciones organizativas, legales, sociales, administrativas (calificaciones, promociones, titulaciones...,) que no podemos soslayar. Pero la primera acción para cualquier cambio debe ser «¡fuera la queja!». 


Todo docente sabemos que en las sesiones de evaluación se manejan dos fases: una es el de comprobación de los resultados de aprendizajes realizados (cantar las notas) y la otra es el de la explicación que se le da a dichos resultados (que se reduce a proporcionar frases limitantes y autoconsoladoras de  tipo "no estudia, no tiene interés o debe ponerse la pilas)

¿Para qué sirve la evaluación?

Dice Santos Guerra que  sirve tiene valor de uso (para aprender) y valor de intercambio ( para promocionar o titular): Cuando predomina el valor de uso, lo que importa de verdad es el aprendizaje. Cuando tiene una gran incidencia el valor de cambio es porque lo único que de verdad importa es aprobar.

Toda actividad docente no es inocua, desvela concepciones concretas de lo que es enseñar y lo que es aprender. La evaluación no se queda al margen de esta afirmación. Cuando miramos la evaluación con miopía igualamos evaluación con calificación. Desde unas miras más amplias, evaluación se iguala a aprendizaje.

Evaluación estandarizada  vs Evaluación personalizada.

Tampoco pierde su valor otra afirmación que escuchamos frecuentemente: El anacronismo se ha instalado en el sistema educativo. Es evidente que estamos en un momento de cambio de paradigma, el cual implica un cambio de concepciones y roles de los actores educativos. En este momento evolutivo, de mestizaje metodológico,  la actualización de teorías como el conductismo y cognitivismo deben convivir con  los modelos  de aprendizaje social, constructivo, conectado y horizontal. Son estos  últimos los que se han instalado como la acción educativa visible de ese modelo de cambio,  que es  consecuencia  y resultado de toda una historia acumulada de todas las mencionadas teorías pedagógicas.


Hace unos días leo a Salvador Rodriguez Ojancos que tuitea desde #WISE14 una frase de Paul Tough. Hemos fomentado los habilidades incorrectas en nuestros niños. Debemos parar con la obsesión x las pruebas estandarizadas” y me asalta ineludiblemente una duda que debo indagar ¿Es posible una evaluación estandarizada y homogénea en tiempos de la Educación Disruptiva?



Comienzo analizando el concepto "Estándar de aprendizaje":

Especificaciones de los criterios de evaluación que permiten definir los resultados de aprendizaje y que concretan lo que el alumno debe saber,  comprender, y saber hacer en cada área.
Deben ser observables, medibles y evaluables y permitir graduar el rendimiento o logro alcanzado.
Su diseño debe contribuir y facilitar el diseño de pruebas estandarizadas y comparables.
(Decreto 198 2014 de 5 de septiembre , BORM)

De su definición  y características extraigo varias ideas:


  • Los estándares de aprendizaje, a pesar del sustantivo adjetivado «aprendizaje», realmente son un instrumento para evaluar. Su objetivo es  medir y comparar. 
  • ¿Qué es lo que pretenden medir y evaluar? Lo que el alumno debe saber, comprender y hacer  a una determinada edad. 


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Si echamos un vistazo los estándares, fomentan la medición de habilidades de pensamiento de orden inferior pues concretan aprendizajes en los que hay un porcentaje altísimo de «conocimientos saber», y unos pocos de «conocimientos comprender» /«conocimientos hacer».

  • Me sorprende que el interés de que sean «observables»,  se ciñe a que «permitan  graduar el rendimiento o logro alcanzado», y no que posibiliten la mejora de sus aprendizajes. 
  • Por último, que su explicitación en las propuestas curriculares, contribuyan y faciliten,  la realización de «pruebas estandarizadas (para todos iguales) y comparables (de unos alumnos con otros, en cualquier contexto, en cualquier situación).
Ahora me llegan las dudas basadas en tres argumentos: Inclusión, personalización y disrupción.
  1. ¿Aceptamos la diversidad de  nuestro alumnado como realidad y como valor?
  2. ¿Aceptamos que no todos aprendemos al mismo tiempo, al mismo ritmo , pero que eso no resta un ápice a nuestra capacidad de aprender?
  3. ¿Aceptamos que equidad es evaluar a cada uno de acuerdo a su forma de aprender?
  4. ¿Aceptamos que es imposible realizar evaluaciones estándares en personas diferentes?
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EVALUACIÓN  DISRUPTIVA PARA UNA ENSEÑANZA DISRUPTIVA.

¿Es posible estandarizar los aprendizajes en tiempos de educación disruptiva y obicua?

El cambio en la evaluación es irremediable. Si partimos que los aprendizajes son continuos, horizontales y desjerarquizados; que en ellos..la información es plural; los contenidos forman una amalgama entre los formales, los no formales  y lo informales;  si lo que pensamos es diverso, lo que hablamos, escribimos, y compartimos,...es abierto... ¿cómo compararlo por medio de pruebas estandarizadas?

Siendo coherente, pues, la disrupción evaluativa deberá tener esas mismas características: continua, horizontal, desjerarquizada, plural, personalizada, diversa, abierta...
Iniciativas como portfolio, evaluación por pares, rúbricas personalizadas, reflexiones grupal, evaluadores diversos, evaluación-aprendizaje,...nos alejan de la ciencia ficción y nos ponen en el posibilismo real.


Quizás, y sólo quizás, en un tiempo no muy lejano, tendremos que cambiar la concepción postindustrial de necesidad de «aprendizajes certificados» mediante un título. Quizás, y sólo quizás, desaparecerán las «instituciones acreditadoras» de aprendizajes. Quizás, y sólo  quizás,  los «instructores» serán líderes culturales, pensadores reflexivos, inductores de preguntas, incluso, sin tener que ser  homologados por ninguna agencia.

¿Es momento de romper con la evaluación  tal como la conocemos hasta ahora?

Otro tiempo. Nuevos tiempos. 

(1) Imagen de portada tomada de http://enriquesacanell.blogspot.com.es/2012/09/lo-que-debe-permanecer-para-poder.html
(2) Imagen tomada de http://educacionvisionaria.blogspot.com.es/2011/09/competencias-digitales-del-siglo-xxi.html
(3) Imagen tomada de  didacticalservicio.wordpress.com




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¿CUECES O ENRIQUECES? Pregunta clave para una planificación curricular creativa.

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No es posible el desarrollo
de un currículum sin
el desarrollo de un profesor
L . Stenhouse






Hace ya unos cuantos años, L. Stenhouse (1984)[i] se sirvió de una analogía muy acertada para explicar qué entendía por currículo  escolar en la que lo comparaba con un recetario de cocina. Nos decía Stenhouse que cada receta de cocina es imaginada primero, como posibilidad, y luego, como objeto de prueba, que debe basarse en la práctica y que, dentro de ciertos límites, puede variarse luego con el gusto.
El maestro de la teoría curricular ya avanzaba en su libro La investigación como base de la enseñanza[ii], que los currículos son verificaciones hipotéticas de tesis acerca de la naturaleza del conocimiento y de la naturaleza de la enseñanza y aprendizaje,  y que tales currículos son medios en los que las ideas se expresan en formas que las hacen comprobables por los profesores en los laboratorios que denominamos aulas. Continuaba afirmando que cuando los currículos no resultan articulados e hipotéticos, sino que son implícitos y se hallan tradicionalmente sancionados, entonces los alumnos son la materia de experimentos sin control ni vigilancia.

Habiendo pasado 30 años, y aún no gustándome la metáfora del alumno y el experimento, observo que las cosas han cambiado poco en la teoría curricular. El currículo continúa siendo un recetario. O peor aún, ha pasado a tratarse de un documento puramente regulador. El último RD de currículo, dice textualmente que se entenderá por currículo[iii]: regulación de los elementos que determinan los procesos de enseñanza y aprendizaje para cada una de las enseñanzas y las etapas educativas, siendo los vocablos «regulación» y «determinan», dos acciones que definen por sí solas el espíritu del todo un Real Decreto.

Pero volvamos con la analogía de Stenhouse. A pesar de los legisladores curriculares, los docentes sabemos que podemos  continuar con el concepto de currículo como receta, norma, el que ordena y dirige el procedimiento señalado con el que "cocinar" la enseñanza, e igualmente, somos conocedores de que tenemos  una gran arma secreta: que, como todos cocineros y cocineras, somos los dueños de nuestra cocina. Somos los genuinos "Máster". ¿Conocéis algún "Máster chef" que cocine al dictado de cualquier recetario culinario?

El currículo es, por tanto, una receta que sólo adquiere su verdadera razón de existencia cuando es llevado a la práctica, es decir, cuando es cocinado. Sin un profesor que lo desarrolla no hay currículum que exista. Como indica Xabier Besalú[iv], como objeto burocrático tiene poco sentido. Quizás hace funciones de orientador de la enseñanza y el aprendizaje; una especie de manual de instrucciones que guía, ordena y da continuidad y coherencia a la acción. El currículo prescriptivo no es más que una receta que  contiene unos ingredientes y un proceso orientativo, pero que cuando se desarrolla, cuando se cocina, puede tener infinidad de  variantes y concreciones, que dependen tanto del proceso, de las condiciones del contexto, de las características de sus propios ingredientes, e incluso, del gusto del cocinero.
Juan Domingo Farinós escribía, y describía, hace unos días en INED21[v],  la situación en la que viven los aprendientes del siglo XXI, donde la escuela se encuentra con una situación organizada por medio del status (enseñanza vertical) y de la información clasificada (ordenación curricular) y, añadía, que en esta estructura, el estudiante no puede encontrar espacio posible alguno de participación proactiva que implique un bien para sí mismo. 
Creo coincidir con Farinós en afirmar que la orientación habitual de la práctica docente (enseñanza) es errónea. Partimos de los contenidos curriculares  y los acercamos de modo, más o menos motivador, al alumnado, olvidando que el alumnado puede implicarse en el proceso abierto de intercambio y negociación de significados  si, y sólo si, los nuevos contenidos provocan la activación de esquemas habituales de  de pensar y actuar. Cualquier  concepción innovadora del currículum deberá olvidarse deliberadamente de las disciplinas y de la cultura organizada y tendrá que detenerse exclusivamente en el estado del aprendiz, su cultura experiencial  y en el desarrollo de los proceso espontáneos como consecuencia de sus intercambios con el medio.

¿Cueces o enriqueces? Pregunta clave para la planificación curricular creativa. 

Antes de responder a esta pregunta, es necesario que afirme mi posición ante el concepto de educación inclusiva, la cual parte de un irrenunciable aforismo: Cualquier mejora en la atención educativa pensada para la diversidad del alumnado puede ser aplicada como mejora para la heterogeneidad del alumnado. De ahí que haya tomado para el título de esta reflexión, la acepción "de enriquecimiento curricular", derivada de la teoría y practicas aplicadas a la atención a la diversidad por sobredotación intelectual.  ¿Acaso no podemos enriquecer curricularmente a todos los alumnos y alumnas?

Cuando «cueces», es porque tu función docente se limita a poner los ingredientes en la olla de la clase y esperas pacientemente a que cuezan, lentamente o a presión,  con más o menos intervención o proceso didáctico-culinario. En esta opción la evaluación será fácil; cuanto más se aproxime al «modelo de la foto» de la receta (o criterio de evaluación), más nos aproximamos a la eficacia del trabajo desarrollado.

Si enriqueces es porque todos los ingredientes de la receta han sido analizados para esta situación tomada como "situación única", donde los comensales van a ser los protagonistas y directores de tu acción culinaria, o mejor dicho, educativa. Aquí, el riesgo, las improvisaciones, las decisiones constantes… existen...y la creatividad, también. 
  

5 salsas que enriquecerán inevitablemente el currículo escolar de cualquier grupo o aula.

  • Planear siempre tareas interdisciplinares. La interdisciplinariedad es la forma directa de enriquecer el currículo desde el propio currículo. Un mismo contenido, competencia u objetivo, desarrollado desde distintas opciones, capacidades intelectuales o disciplinas será, sin duda,  un currículo más plural, que ofrecerá oportunidades de un desarrollo ajustado y heterogéneo.
  • Diseñar tareas multi-itinerario. Ofrecer posibilidades de elección de diferentes itinerarios de contenidos y tareas para el desarrollo de una misma competencia, un mismo estándar de aprendizaje o un mismo objetivo. Es decir, diseñar distintos procedimientos, teniendo en cuenta las particularidades de nuestra aula, para abordar el mismo aprendizaje. De esta forma, el diseño se torna horizontal y la verticalidad es a elección de cada individuo.
  • Promover la responsabilidad de hacer al alumnado partícipe del diseño curricular, lo cual llevará implícito el  establecimiento de consecuciones de logro de manera individual o grupal.
  • Diseñar el currículo desde una perspectiva de promoción de la educación activa e interactiva, con acciones dirigidas al desarrollo de habilidades y procesos cognitivos y afectivos, desde estrategias de solución de problemas, toma de decisiones, creatividad, desafíos, retos, ... 
  • Ofrecer la vivencia de experiencias escolares que trasciendan al currículo ordinario que hagan aflorar el currículo oculto e incluir al nulo o excluido. Para ello demos equilibrio a la importancia entre todas las disciplinas; traigamos al aula otros contenidos, otros modelos, otros procedimientos y, llevemos fuera del aula lo aprendido en ella como potente instrumento de contraste y reevaluación permanente sobre el aprendizaje elaborada por el propio alumnado
Urge un nuevo currículum, personal, creativo, innovador y disruptivo; que reconstruya sucesivamente el conocimiento del alumnado de una forma no aditiva ni yuxtapuesta; pensado «en y para» el alumno, más allá del legislado. Un currículum que recorra la espina dorsal de la educación de abajo arriba,  que utilice para su desarrollo tecnología (medios, recursos, herramienta, artefactos…) actual, y que sea enriquecido con las cosas que, de verdad, importan a los estudiantes.




[i] Stenhouse, L. (1984). Investigación y desarrollo del currículo. Ed. Morata. Madrid
[ii][ii]Stenhouse, L. (1987). La investigación como base de la enseñanza Ed. Morata. Madrid
[iii] RD 126/2014 de 28 de febrero por el que se establece el currículum básico de la Educación Primaria.
[iv] Besalú, X. (2010). La educación intercultural y el currículo escolar. En Miradas en torno a la Educación Intercultural. Félix Villalba y Javier Villatoro (ed). Ponencias del 1er. Congreso Internacional en la Red sobre Interculturalidad y Educación.
[v] Farinós, J.D.  En http://ined21.com/p7268/

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