La escuela, al fin y al cabo, debería constituirse en una práctica de la vida- ENTREVISTA EN Tiching

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Entrevista original en http://blog.tiching.com/jose-blas-garcia/?utm_content

¿Estamos en una era de revolución inclusiva? 
Estamos reviviendo un nuevo humanismo en la educación y en muchos órdenes de la vida. Colocar a la “persona en el centro” nos obliga a repensar el para qué de las acciones. Un cambio de mirada que tiene el efecto revolucionario de un aleteo de mariposa. Decenas de activistas inclusivos han conseguido cambiar la pantalla gris de la exclusión por una pantalla de colores, donde todos y todas cuentan porque aportan en positivo social: del paradigma del déficit al paradigma de la capacidad.
Usted habla de la enseñanza multinivel, ¿en qué se basa este modelo? 
Es un modelo de enseñanza que estructura el currículum obligatorio de manera que todos los aprendices puedan participar de una misma sesión de aprendizaje, dando opciones para que cada alumno y alumna encuentre, respecto al acceso y desarrollo de un contenido, actividades acordes a su nivel de competencia curricular, personal y social.
¿Cree que una escuela con pocos recursos puede personalizar el aprendizaje de su alumnado? 
Por supuesto. La personalización del aprendizaje es una vieja tarea educativa. No depende de la tecnología ni de los recursos. No cabe duda que los recursos son facilitadores y que los tecnológicos han abierto un universo todavía inexplorado para la personalización. Pero, ¡cuidado! Personalizar la enseñanza es más que individualizar, es la manera de ajustar sistema e individuo.
¿Por qué cree que debería implementarse el Diseño Universal para el Aprendizaje en los centros educativos
El DUA, como su nombre indica, pone los medios para que todos (de forma universal o general) puedan acceder, expresarse, mantenerse y promocionar en el aprendizaje, generando su propio itinerario, un camino específico y personalizado dentro del currículo estándar. Para tener en cuenta al que aprende, o diseñamos enseñanza individualizada (costosa e impracticable), o diseñamos aprendizajes donde todas las formas de acceso, expresión y motivación puedan tener cabida. Parece complejo, pero no lo es. Se trata más de intención que de complejidad. Si lo pensamos en otras áreas , como la arquitectura o la tecnología, lo vemos enseguida.
Ha trabajado durante siete años en un aula hospitalaria. ¿Nos podría contar cómo es un día en este trabajo?
No se diferencia mucho de lo que debería se un aula ordinaria… En el aula hospitalaria la coordinación de todos los agentes, incluida la familia, es clave para el desarrollo, no solo del aprendizaje, sino de todas las facetas del alumno…incluso la relacionada con la salud. Cada mañana, la intervención educativa hospitalaria, se replantea la acción educativa, se piensa en la persona que la va a recibir y se consensua entre los agentes que interviene con el aprendiz. Se hace hincapié en sus necesidades personales de aprendizaje, de desarrollo emocional y ejecutivo y en sus necesidades sociales. Si lo que tiene es miedo al hospital, ¿Qué es más importante? ¿Enseñar fracciones o crear dinámicas de comprensión del qué y por qué de su miedo? Las fracciones no son universales, el desarrollo emocional sí.
¿Enseñar en un ámbito como este le ha hecho replantear su práctica educativa?
¡Por supuesto! He aprendido que el eslogan de que sonreír también es urgente, puede ser aplicado a la escuela en general. No podemos aprender, ni mejorar nuestras habilidades, ni construir e interiorizar conceptos y procesos, si no somos felices, si no sonreímos. De ahí toda la importancia que se le da a la escuela con corazón. No quiere decir que el aprendizaje profundo, científico y técnico, no sea necesario, lo que es evidente es que sin aquello no hay de esto. Sonreír en la escuela es urgente y necesario.
¿Qué diferencias podría destacar entre un aula hospitalaria y una escuela ordinaria?
Es curiosa la paradoja que he observado: el aula hospitalaria es el espacio, el tiempo y la situación social conocida por el alumno-paciente que normalizan su vida dentro del hospital. La escuela es el espacio, el tiempo y la situación social que desconectan al alumno-persona de la realidad de su vida cotidiana. 
Los niños y las niñas del aula hospitalaria van en pijama, asisten al aula con sus padres, si quieren, y pueden entrar o salir de ella cuando tiene necesidad. Es un espacio de convivencia con muy pocas reglas formales que pongan barreras a la interacción y la participación. El aula ordinaria está tan reglamentado que, a veces, imposibilita la participación natural.
¿En las escuelas se habla suficiente de las enfermedades que están a la orden del día como el cáncer? 
Si en la escuela se habla muy poco de la vida en general, imagina de la enfermedad o la muerte. Desde luego no debe ser un tabú. La escuela, al fin y al cabo, debería constituirse en una práctica de la vida. La muerte, la enfermedad ..son parte de la vida. Observarla, reconocerla, analizar sus características, evaluar sus repercusiones y crear argumentos para la resiliencia ante estas situaciones naturales… nos hace, no solo más fuertes, también más sabios.
¿Cómo surgió la idea de crear su blog llamado Transformar la escuela?
El inspirador es Paulo Freire, no solo del blog, si no de mi actitud y mirada de docente crítico. Sus reflexiones y su obra me parecen de absoluta actualidad. En un momento que se hablaba tanto de cambio, me parecía que cambiar no era suficiente, porque el cambio que observaba era más una pose que profundidad. Transformar implica no solo innovar en las prácticas (lo más visible), también en la estructura y en la cultura docente. 

También es docente del Grado de formación al profesorado. ¿Cree que se está formando a los futuros docentes con estrategias y herramientas que el día de mañana podrán aplicar en sus propias aulas?
Que la Universidad tiene que recorrer un camino de transformación, es evidente. Creo que ya lo ha iniciado. En relación a la formación de profesorado es necesario que la escuela y las facultades de educación sean dos extremos de un mismo hilo comunicante. Pero juegan al teléfono roto. Las Facultades de educación y sus juntas de Decanos viven en una burbuja desde donde dan consejos a la escuela. Y la escuela no necesita consejos, necesita hechos, trabajo, ejemplos y evidencias basadas en el conocimiento de la realidad.

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