SLOW LEARNING: Aprender necesita tiempo sin tiempo

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Leyendo sobre temas que me interesan en educación, como es el uso de los tiempos, me he encontrado un movimiento pedagógico (que confieso desconocía hasta hoy) que recoge elementos del uso del tiempo y les proporciona una significatividad potente desde el punto de vista educativo: el slow school

Una pedagogía lenta, serena y sostenible, como le llama Jaume Carbonell, que va en contra del modelo educativo industrial, productivo y estresante,  y que felizmente coincide con la base de mis reflexiones, pensamientos e inquietudes sobre el aprendizaje,  que vengo reflejando en las entradas de este blog. Especialmente es el caso de la última entrada, la  titulada Enseñar mucho o aprender mejor, pero también en otras como la trilogía sobre los Tiempos educativos.

La denuncia que el profesor Maurice Holt hizo contra el almacenamiento veloz y memorístico, las pruebas estandarizadas y la uniformidad curricular, en el manifiesto por una slow schooling, (movimiento inspirado  en otros movimientos  como el slow life, slow food...), es un alegato contra la la acumulación de contenidos, las prisa por acabar, la necesidad de terminar los libros, la sobreestimulación, la hiperprogramación, la base memorística que potencia la idea de aprendizajes de usar y tirar (usar para el examen y olvidar inmediatamente después)...e indica un camino a seguir: aprender a pensar, la reflexión sobre lo que se aprende y la personalización de los aprendizajes, la creatividad,  el disfrutar aprendiendo, la recreación de lo aprendido...

En mi trabajo habitual, en la aulas hospitalarias, sabemos muy bien que el tiempo no importa. No hay prisa.

Al virar la mirada sobre el tiempo en la escuela y buscar otra perspectiva, otra posibilidad, en definitiva, se persigue un cambio educativo que propone  en la enseñanza una relajación, una lentitud selectiva, inducida y controlada, para ayudar a los alumnos a gozar de la escuela y a aprender mejor: un aprendizaje que necesita tiempo sin tiempo. Se trata de un tiempo flexible, adaptado y personalizado que proporcione reposo de conocimientos (integración en los esquemas de conocimiento de cada aprendiente) y aprender más sobre qué hemos  aprendido y cómo lo hemos aprendido (metacognición del aprendizaje).  Un tiempo sin cronómetro trata de aprovechar la oportunidad de aprender "ahora" aprendizajes valiosos y duraderos. Se trata de dejar tiempo al "aprender a aprender". Se trata de eliminar la presión del tiempo accesorio, del tiempo esclavo y transformarlo en tiempo útil y tiempo liberado. Se trata de correr el eje del cronómetro del tiempo de enseñanza y agrandar el tiempo de aprendizaje: el  protagonismo para el alumnado; el "prime time" para el aprendizaje.


Estoy convencido (y utilizando un símil estival), que todos los movimientos educativos aportan granos de arena a la playa en la que deseamos pasear, bañarnos, tomar el sol y disfrutar: el imparable cambio educativo.

Hace ya algún tiempo, cuando buscaba colegios para mis hijas, me convenció una frase que me dijo la directora del colegio donde las escolaricé: Queremos un colegio que haga felices a nuestros alumnos.

Si perseguimos este sueño, seguro que seremos capaces de conseguirlo.

ELOGIO A LA EDUCACIÓN LENTA








Para saber más:
  • Elogio a la educación lenta,  del director de colegio catalán  Joan Domènech
  • La pedagogía del caracol. Por una escuela lenta y no violenta del maestro italiano Gianfranco Zavalloni. 
  • Elogio a la lentitud, del escocés y canadiense periodista Carl Honoré.
  • Pedagogías del siglo XXI del catedrático catalan Jaume Carbonell 
Derechos de la imagen: http://cuentos-cortos.deegroove.com/maria-y-el-caracol/

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