ENSEÑAR Y APRENDER VOCABULARIO. ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA

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Comenzar la enseñanza del español como  un nuevo idioma a niños escolarizados en infantil y primaria es una tarea que, habitualmente, crea desasosiego entre los compañeros maestros y maestras que se enfrentan a este reto. No olvidemos que para los niños/as tampoco es fácil. 
Muchos me habéis pedido que recupere estos materiales que tengo por ahí para darles utilidad y difusión. Seguro que  habré escrito por este blog en  más de una ocasión que hay que comenzar por el lenguaje oral. (En todos los cursos, pero especialmente en infantil y primer ciclo de primaria, por razones obvias de no manejo de la lectoescritura). La enseñanza y práctica de destrezas orales es muy fácil (todos hemos aprendido la lengua oral si necesidad de didáctica) , pero se complica cuando lo hacemos  en situaciones de contexto aula, donde la estrella es el papel y el lápiz.No olvidemos explorar y tener en cuenta factores como la lengua materna, su nivel de escolarización anterior  y su nivel lingüístico de español ni, por supuesto, olviar los aspectos afectivos y emocionales, que es preciso manejarlos con maestría.




Interrogante 1: ¿ Qué vocabulario he de enseñar? 


La respuesta inmediata que me surge es «todo aquel que el alumno vaya a necesitar». No importa comenzar por uno u otro siempre que el aprendizaje del mimos se realice en contexto de uso significativo, por tanto, la perspectiva comunicativa debe impregnar el acto de enseñanza y aprendizaje. 

Si establecieramos algún criterio, por tanto seria, el de enseñar/aprender en primer lugar el más productivo respecto a la frecuencia y al uso. Deberíamos seguir con el vocabulario que se relacione  con el entorno escolar.


Interrogante 2: ¿Cómo podemos enseñar vocabulario?


La presentación de nuevo vocabulario se debe  propiciar teniendo en cuenta dos principios: el de  “aprendizaje significativo” y  el principio de «motivación».

Para desarrollar estas dos cuestiones hay materiales y recurso muy apropiados: entre ellos las imágenes, tarjetas ( bits), las “realias” o materiales auténticos, los recursos audiovisulas y las lecturas de textos (cuentos, poemas/ Descripciones, descripciones/ textos científicos, textos históricos)

Todos ellos deben contener un grupo palabras (léxico, en el sentido más amplio de la palabra) la idea de unidad, a modo de campo semántico o centro de interés.

A los más pequeños debe facilitárseles vocabulario básico “de urgencia” para integrarse cuanto antes. Pueden usarse sencillos pictogramas de elaboración personal o colectiva.


Después de presentar el nuevo vocabulario hemos de dotarlo de significado y transmitirle contenido semántico. De nuevo, técnicas tanto verbales y no verbales, se erigen en aliados del profesor. Es en esta fase cuando la interacción entre los alumnos se hace imprescindible. Trabajar por parejas o en pequeños grupos aportará el desarrollo de destrezas interactivas de escucha y habla muy importante para la formación del nuevo lexicón en el aprendiene (definir y describir; ejemplificar; parafrasear; explicar a través del co-texto y del  contexto; utilizar sinónimos y antónimos; utilizar analogías;etc.)


El paso de después sería la memorización del vocabulario comprendido a través de diversas estrategias, todas ellas trabajadas en uso. La adquisición-aprendizaje  y posterior memorización de vocabulario se refuerza con una revisión periódica de las unidades léxicas en el contexto clase:   Actividades convencionales (relacionar palabras con dibujos;  leer un texto; buscar en el diccionario lo desconocidoordenar alfabéticamente, ...), lúdicas (crucigramas, sopas de letras, adivinanzas, el scrabble, ...),  asociogramas; etc.


El tercer paso es la transferencia a otros entornos o contextos de lo aprendido,para realmente hacer de ello un aprendizaje funcional. En este sentido los trabajos en grupo, las exposiciones, los proyectos, la dramatizaciones, son ejemplos de actividades absolutamente válidas para los objetivos propuestos: promover el aprendizaje del vocabulario, su uso comprensivo y expresivo de la lengua que se aprende.


Interrogante 3: ¿Cómo podemos asegurarnos que se ha aprendido el vocabulario?


El mejor síntoma de que el proceso de enseñanza-aprendizaje es efectivo es el éxito en los intercambios comunicativos del alumnado. Observaremos los aciertos y los reconoceremos públicamente como refuerzo positivo que fomentará la confianza y autoestima, y admitiremos  los errores lingüísticos de manera formativa  como indicio del estado de “interlingua” de los estudiantes y como referente para sucesivas secuencias didácticas para el aprendizaje de nuevos léxicos.






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