LOS AÑOS EN LOS QUE FÉREZ VIVIÓ UNA "ESCUELA NUEVA"

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Este artículo forma parte de la Revista Cultural "La Cantarera" que edita el Ayuntamiento de Férez (Albacete)  con motivo de las fiestas locales de 2015. (1)























Corría el año 1957. La población de Férez había crecido considerablemente durante la década de los 50 llegando a los 2000 habitantes, tocando ahí su techo histórico. Las calles estaban pletóricas y el centro del pueblo era bullicioso: la calle Mayor y calle Iglesia, el Cotano y la Torre, la Cantarería… estaban pobladas de familias humildes que, sin apenas salir del pueblo durante toda su vida y sin más información que la oficial (que llegaba filtrada), el No-do del Cine Salinas (que llegaba manipulado) o la popular, que corría de boca en boca, (en muchos casos desvirtuada por el propio trasiego de boca –oído), vivían la llegada de la modernidad, de los avances, de las mejoras de la región (el pantano del Cenajo era una de las obras insignes de aquel tiempo) con el anhelo contenido, y difícil de exigir o siquiera expresar por falta de libertad política, de una vida mejor.






El paisaje urbanístico constituido por estrechas casas atestadas, habitáculos atiborrados de gente donde unas familias habitaban el piso de arriba y otras (de la misma estirpe o diferente) habitaban  la planta inferior (en una vivienda anteriormente única), “cuartos” que pisaban la casa contigua, habitaciones dormitorios compartidas por varios miembros de la misma familia, comedores y cuadras como espacios  de paso  compartidos para humanos y  para animales… dibujaba un enjambre de población entrelazada en lo arquitectónico, lo físico, lo genético y lo histórico.

El centro del pueblo era un bullicioso ir y venir de hombres y mujeres que asistían a la iglesia tras escuchar el repiqueteo de las campanas de la torre, o de mozos y mozas que acudían joviales a las fuentes del Pilar o la Mora (lugar de encuentro entre jóvenes parejas) con la excusa de llenar el cántaro o el botijo. Las viviendas soportaban un sinparar de entrar y salir de responsables padres de familia que caminaban a recolectar productos para su prole desde la frondosa huerta fereña, de cuidados animales de carga que portaban pequeños haces de leña para calentar el hogar,  alpiles de paja (hechos de sogas o guitas que la propia familia había entretejido con esparto de la zona) para hacer cama a las bestias, de serones y espuertas llenas de frutos, verduras o alfalfa… También era frecuente observar ágiles cuerpos de abnegadas mujeres que cargaban grácilmente  sobre su cabeza, o encajado en su regazo, cestos y barreños de ropa recién lavada en un arroyo, en el lavadero de  la Mora o en las acequias que atravesaban la Cantarería.


La hiperfamiliaridad, la consanguinidad y la vecindad de toda una vida eran elementos que definían y aglutinaban, para lo bueno y para lo malo, a cientos de fereños que, en la mayoría de los casos, nacían y morían sin haber salido del pueblo, sin haber visto otros horizontes que un espléndido paisaje de olivos, huertos de frutales y hortalizas y sierras de media altura.


Un cuadro social, por cierto, realizado a grandes pinceladas que no era muy diferente a la mayoría de los pueblos de la España de la postguerra.

Férez era un pueblo en crecimiento. La mejora de las condiciones sanitarias y el hallazgo de algunas vacunas, habían colaborado para que la esperanza de vida de las personas se alargase y la cantidad de población infantil aumentase. Por aquellos años, una media anual de 50 nuevos fereños venía al mundo y este pueblo, junto con otros cientos de municipios españoles, necesitaba la urgente edificación de escuelas donde proporcionar “un mínimo de educación primaria obligatoria y gratuita para todos” que la recién estrenada Ley de la Educación Primaria de 1945 enunciaba en su articulado.

Se trataba de una  nueva ley rubricada por el mismísimo Franco, y elaborada por el ministro José Ibañez Martín, que pretendía aplicar una política para someter la educación española a los intereses del régimen y de la Iglesia Católica y, de paso, depurar en la enseñanza a los funcionarios republicanos. Fue una ley que modificó los criterios educativos de la 2ª República de escuela activa y laica y eliminó la coeducación y promoción de la autonomía regional. En fin, cosas y  políticas de la época, que no son el objeto de este artículo, y que todavía hoy arrastramos. A pesar de ello, esta politizada Ley de Educación Primaria, tuvo elementos positivos para nuestro pueblo al promulgar que todos los municipios debían poseer “un aula por cada 250 habitantes”


Con una población de 2000 habitantes, a Férez le correspondían 8 aulas.



Pasaron unos años y fue a partir  de la Ley de construcciones escolares (1953), del ministro Ruiz Jiménez, como se pergeñó el proceso de ampliación y modernización de la infraestructura escolar en FérezCon todas estas premisas, en 1957 se hace efectivo en España el Plan de Construcciones Escolares, punto de inicio de una reacción en cadena que supuso, entre otras cosas, el alojamiento de la mayor parte de la población escolar hasta los 12-14 años, la mejora de las instalaciones de las escuelas normales, la ampliación del escalafón de maestros, el reforzamiento del claustro de profesores....


Mientras que los efectos de la Ley llegaban a Férez, en el municipio sólo existían 3 aulas (que mi generación conoció como las “escuelas viejas”) ubicadas en la plaza de la Iglesia, en el mismo edificio que hoy ocupa el Ayuntamiento: la de los niños, la de las niñas y la de preescolar (que albergaba el cariñosamente llamado “banco de los cagones” para los más pequeños). En esos últimos años también hubo que habilitar algún que otro almacén y espacio (como la cochera de don José  “el médico”, en la calle Nueva) para hacer las veces de aulas transitorias hasta que llegaba la nueva edificación, dada la gran cantidad de escolares del municipio y la necesidad de alfabetización de generaciones enteras de fereños.



Férez sólo tuvo que esperar 7 años desde el inicio de la ley para que se edificaran las “escuelas nuevas”: 7 flamantes aulas, para que pudieran aprender niños y niñas  de hasta 12 años. En 1960, durante el mandato del V gobierno del dictador Franco, con Jesús Rubio García-Mina de Ministro y José Lázaro Pérez Serrano de alcalde de Férez, se construyen en nuestro municipio unas aulas que darían la posibilidad de comenzar una escuela generalizada para todos, graduada y mixta (deseos que permanecían en España desde la época republicana y que por fin, y por influencia de políticas educativas americanas y europeas, ahora se veía logrado).

Estas escuelas llegaron acompañadas de sus correspondientes  7 casas de maestros, como tributo estatal a la consideración en alza de la profesión docente. Con esta medida el gobierno pretendió facilitar el desplazamiento y los traslados de los maestros y maestras (cuyo número global en España aumentó considerablemente en el decenio de 1955 a 1965 en una media de 6900 enseñantes por año) por toda la geografía española, sin menoscabo de poder tener una vivienda digna allá donde fueren.

Nunca es tarde si la dicha es buena.







A nivel de España, en educación se estaban produciendo algunas innovaciones como el resurgimiento del interés por la formación del profesorado con la creación del Centro de Educación y Documentación Didáctica de Enseñanza Primaria (CEDODEP), que fue un importante motor para la formación permanente de los maestros y maestras de la época y que anteriormente había sido minimizado por tratarse de uno de los movimientos educativos impulsados por la República. El resurgimiento de un movimiento de renovación pedagógica y la evidente ampliación de la escolarización trae consigo la necesidad de una reforma de todo el Sistema Educativo que se inicia con el Libro Blanco (1969) y desemboca con la Ley General de Educación (1970) a iniciativa del ministro Villar Palasí. 



Esta ley estableció un sistema escolar coherente (con todas sus lagunas) de preescolar a la universidad, modernizó parte del Sistema Educativo y puso las bases para el cambio educativo. Este sistema educativo organizó la enseñanza en etapas ( la preescolar; la Enseñanza General Básica -la E.G.B.- que unificó la formación de base de todos los españoles de 6 a 14 años; la enseñanza secundaria compuesta por el Bachillerato Unificado y Polivalente -el B.U.P.-, La Formación Profesional -la F.P.- y el Curso de Orientación Universitaria -el C.O.U.-) y con él aprendimos más de 20 generaciones de fereños hasta la llegada en 1990 de la moderna LOGSE, ya con el gobierno democrático socialista.



Paradójicamente, en las mismas fechas que se construían las escuelas para propiciar la escolarización de ese “dorado  poblacional” de Férez de los 2000 habitantes, comienza el declive de nuestro pueblo:  la inauguración del pantano del Cenajo en 1963 y  la anegación de las riveras productivas de la Alcantarilla de Jover hacen que comience la emigración masiva en busca de trabajo hacia las ciudades industriales, produciéndose  un esquilmo social  demoledor para la supervivencia del municipio y un descenso poblacional hasta tocar el suelo que ostenta actualmente: un censo de unos 700 habitantes y  una  población real de muchos menos habitantes efectivos.



Con la EGB bien implantada, escuelas construidas y alumnado numeroso, llega a nuestro pueblo desde Extremadura, una maestra rompedora. La influencia de los movimientos educativos de la escuela nueva habían hecho de ella una maestra que entendía que los alumnos aprendían más con lo emocional que a través de disciplina y castigos, que los aprendizajes basados en la experiencia eran adecuados para fortalecer el conocimiento y que el trabajo en equipo era necesario para la sociedad que se estaba levantando.

Pasado el tiempo, la veo como una visionaria de metodologías posteriores y valoro enormemente la implantación y desarrollo de un estilo educativo diferente a todo lo que estábamos acostumbrados en el pueblo: se preocupaba del ambiente (para ello pintaba y decoraba cada uno de los pupitres, apostando por la idea de que un ambiente relajado y atractivo influye sobre los modos de aprender); proponía la creación de murales para compartir aprendizajes que exponía en las paredes del aula (convencida de que “eso de compartir aprendizajes” era un elemento activo para el conocimiento); entendía la clase desde un  concepto de taller (aprender haciendo) y por ello dejaba manipular los objetos de aprendizaje como medio de apropiarte de sus conceptos y cualidades (base del aprendizaje de conocimientos profundos).

http://blogs.ua.es/historiaoral05/presentacion/

Recogiendo las ideas en boga de María Montessori nos proporcionó al alumnado el  protagonismo de la educación y se entrelazó con el pueblo porque seguramente era consciente de la necesaria conexión entre familia y escuela. También introdujo en la clase cantidad de materiales elaborados de modo casero, conocedora y sabedora de su importancia para el desarrollo de los sentidos y la inteligencia. Se trataba de que nosotros estuviéramos activos, disfrutáramos y aprendiéramos. Por primera vez en Férez se aprendía de forma cooperativa, el trabajo en grupo y en equipo era la base del funcionamiento del aula y se utilizaba el texto libre de Celestín Freinet como forma de redacción. Todavía recuerdo los murales de grupo, los mapas físicos de España en escayola, los trabajos manuales, las investigaciones científicas…

En fin, una serie de acciones escolares que hoy aprecio como innovadoras y que, seguramente,  el tiempo -que todo lo limpia- y la memoria –que es acomodadiza-  han adaptado para que constituyan un grato recuerdo. No por ello pierde importancia mi interés en traer a esta revista mi agradecimiento como el alumno que fui y como el maestro que soy a Mari Carmen Vega, maestra de escuela que, más que darnos clase, nos hizo aprender a un grupo de alumnos que todavía hoy, estoy seguro, la recordamos con aprecio y reconocimiento. 

Probablemente su estilo de maestra moderna, liberal y activa, se diluyó con el tiempo en la cultura docente de este pueblo. En eso tampoco somos diferentes, y toda la enseñanza en España se vio sometida a la disciplina del costoso y  encorsetado libro de texto, que impidió desarrollar a muchos maestros y maestras una pedagogía diferente, alternativa, que ayudara a los ciudadanos a estar más capacitados, a estar más preparados para vivir un tiempo nuevo: el tiempo que ahora vivimos.

Todavía estamos a tiempo para que la chispa de pedagogía activa que llegó a Férez a principio de los años 70, como ejemplo de un movimiento cultural y educativo diferente, recupere en la política educativa de España, casi 50 años después, el protagonismo que merece y la disfruten  los hijos y nietos de aquellas generaciones que entonces no fuimos, quizás, capaces de valorar la oportunidad que este aire fresco introdujo en nuestra existencia.

En mi caso fue un revulsivo que quedó en mi memoria y me continúa ayudando a ser la persona y el docente que hoy soy. Sólo puedo exclamar…

¡Gracias, maestra Mari Carmen!


Documentos consultados:


Nota 1. Las imágenes no reseñadas de este artículo pertenecen a al grupo de Facebook "Fereños por el mundo" y han sido compartidas por varios usuarios de dicho grupo. 

2 comentarios

  1. Magnífico texto recordatorio de cómo ha ido evolucionando la enseñanza, al contrario que la densidad de población de nuestro querido Férez, pero así es, tal cual lo has contado. Felicidades por tu aporte. Me ha encantado leerte.
    Chelo Álvarez.

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    1. Gracias Chelo. Aportamos todo lo que podemos para que quede en la memoria de los fereños más jóvenes. Saludos.

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